1.11.08

piromancia

De pronto su corazón dejó de latir, miró al piso y perdió la mirada en un infinito sentimiento de desesperanza, pues ya con cada día que pasaba se sentía un paso atrás de su propio cuerpo, esa sensación angustiante de vivir en un cuerpo ajeno, en una vida ajena, como en un cine cuando ves al protagonista en la pantalla gigante, con aventuras tan diversas que hacen creer que la vida se vive así, sin embargo estamos lejos de él, en un trance viviendo a través de esa pantalla. Luego ya no era el mismo, él sentía que ya no era el mismo se miraba al espejo tratando de reconocer algo elemental, algo básico que pudiera conectarlo con su realidad. Los brotes de ira se le pasaban por la cabeza como relámpagos, sentía un fuego quemando su alma desde las vísceras, su corazón le dolía, mordido por los colmillos de un futuro muerto.

En la televisión vio el llamado de jóvenes encapuchados llamando a accionar ese sentimiento que invade a las nuevas generaciones, el descontento hacia la superficialidad que muestran en tv, ante las bajas proyecciones de una vida digna ofrecidas por el gobierno, por la educación que privilegia el valor monetario que el derecho humano a conocer, a culturizarse, manteniendo un control a base de la ignorancia de las masas, haciendo sentir a todos, que son felices al comprar cosas y que son libres por el hecho de poder escoger entre las diferentes marcas de ropa o de autos.

Él omitió todo aquél discurso político, lo que le llamó enormemente la atención fue dónde y cómo se realizó aquél llamado. En el fondo, un auto en llamas, humo y la noche como protagonista, los gritos y las sirenas, aquella sensación de caos, de destrucción le sedujo de tal forma, que sintió de nuevo el cuerpo, sintió que podía liberarse de sus cadenas. Nunca había estado tan emocionado, tan ansioso por vivir aquella noche, el día del bullicio buscó información en su computador sobre qué podía hacer y cómo. Encontró todo un mundo nuevo y diverso, con un idioma muy diverso, con códigos que no alanzó a comprender bien, sin embargo dejó ir su imaginación, aprendió en pocas horas lo que necesitaba saber, que mezclado con sus sentimientos, afloraba en la tierra más fértil. Esa noche se duchó y seleccionó la ropa adecuada, se miró al espejo, vio el reflejo de su existencia.

Las calles no le parecían igual, analizaba los riesgos y los posibles escapes, los saltos necesarios para cruzar lo más rápido posible las murallas, dónde estaban los semáforos y las rutas más transitadas, entre tantas cosas que solamente quedaron en su imaginación. Los ojos abiertos ante las señales que había leído, los grafitis señalaban en camino del lugar de la reunión, los siguió más por intuición que por conocimiento, como el jaguar busca la libertad fuera de las rejas. Los edificios eran enormes, en los guetos de la ciudad, había un grupo de jóvenes con casacas gruesas de diferentes colores, jeans negros y zapatos de construcción; rodeaban un tambor convertido en fogata, se acercó cuidadosamente, mirando hacia todos lados, memorizando los detalles. Aparecieron personas de diferentes lugares, se sintió seguro entre la multitud. El líder tenía un pasamontañas rojo y un megáfono, dijo el sector a dónde nos dirigiríamos, las horas en que se realizarían los hechos, a qué hora deberían dispersarse e irse. Nadie hablaba, todos iban en silencio caminando al sector predeterminado, cuando estaban ya a una cuadra, se ponen todos pasamontañas y gorros, comienza la bulla. Él estaba en un deleite a los sentidos, cerró los ojos, escuchó la bulla, el fuego danzar sobre el metal, sobre los autos… abrió los ojos y se sintió seguro, como aquella convicción de saber, de sentir, que tu alma se alimenta de ese caos, se alimenta de esa situación tan especial.

Estaba acostumbrado a una vida virtual, en MSN, chats y blogs, pero luego de ese día los sintió vacíos, tanto así que cerró sus cuentas y se desconectó de su vida virtual, con un solo objetivo, vivir.
Mientras más lo pensaba y trataba de ponerle algún nombre a aquella sensación, más inefable lo creía. Su alma latiendo dentro de él, con un dulce calor que lo hacía estremecer, que incluso respirar le duele, como un caos emergiendo desde las profundidades más obscuras y secretas de su ser, iluminando la noble verdad de que su vida, su alma, valen mucho más que todo el oro del mundo…

Ya no importaba el status social que se pudiera tener, tampoco la belleza tan ridícula mostrada en televisión, menos los vínculos de amor o amistad tan publicitados en los infomerciales, las cadenas de que lo mantenían en su habitación se rompieron, el temor de ser un monstruo se perdieron… lo cual lo hacía paradójicamente inmune a los convencionalismos sociales, aparte de no entender mucho de eso.

¿Cómo las cosas podían arder? ¿Cómo el fuego consumiría el bus, los negocios, los edificios? Una fascinación por ver al fuego danzar comenzó a seducirlo… ahora veía las noticias esperando otra protesta y la posibilidad de liberar su fuego interior.

Pasaron varios días hasta que excitado escuchó la gran noticia, el mismo llamado a las protestas. Esta vez el locutor era otro, con una mascara que le dejaba ver sus ojos café tierra, con unas pequeñas cicatrices, que pensó por peleas callejeras. El lugar de reunión no cambió, llegó a la misma hora que antes, esta vez notaba que había más personas, escuchaba idiomas raros y algunos de su mismo idioma, pero con acentos diferentes, inmigrantes pensó. Esperaron la media noche para comenzar el ritual. El enmascarado llamó a todos sobre los tambores en llamas, dijo la hora de comienzo y de termino, cuando escuchó el lugar quedó completamente sorprendido, pues era un lugar que ya conocía, pasaba todos los días por ahí, camino a la universidad.

Tomaron los materiales, avanzando a paso firme y constante, los cálculos de tiempo eran exactos, precisos… la planificación había tomado tiempo, nada podía salir mal. El local estaba desocupado, cada uno tomó dos molotov, las encendieron y las tiraron contra el local… dentro de poco comenzó a arder completamente. Él se quedó viendo la obra de arte que había creado, un monstruo de fuego, reflejándole interiormente… el combustible era su cuerpo y su alma el fuego, la energía desatada del rey sol, abriendo su boca para tragar bocanadas de falsos sueños. Comenzó a dar carcajadas de satisfacción, el poder del sol en las manos de todos…

Se escucharon las sirenas de las patrullas, fueron notificados. Según el plan, era hora de dispersarse, retirarse. Sin embargo estaba hipnotizado por el fuego, los colores y las formas, la envoltura mágica del elemento sagrado, purificador.

Corrió lo más rápido que pudo, escapando de las sirenas y los garrotes, sintiendo el fuego a su alrededor, las llamas mientras su risa se va fundiendo con la obscuridad… no dejó de reír hasta que llegó a su casa, cansado de tanto correr.

Lvna.-
Arica, 02 de Noviembre de 2008

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