Sus palabras retumbaron en la casa tanto como en su cabeza, una y otra vez, apretando sus dientes con fuerza, escuchándose sin poder escapar. Las ventanas dejaron de vibrar unos segundos después. Cuando todo estuvo en silencio se recostó sobre su cama, en el centro de la habitación. El cuarto en sí era pequeño para sus pensamientos, así que abría la ventana y se asomaba a ver la ciudad, las luces, los automóviles, las personas caminar… hoy no logró hacerlo. Colocó sus manos en la frente mientras repetía los números «uno, nueve, cinco, trece, diez». Acostado, inmóvil, pasmado… «Imposible volver atrás» repetía ahora.
Con el ceño fruncido, los puños apretados y las piernas tensas, pateo la cómoda que se encontraba al lado de su cama, botó algunas pertenencias en ese momento estorbosas, fotos, recuerdos, deudas… todo al suelo, «todo a la mierda».
Abrió la puerta, bajó las escaleras rápidamente, jugando a ganar al reloj que avanzaba sin demora. En esos momentos trataba de enfocarse, en seguir un camino determinado y un objetivo preciso, encaminar sus pensamientos, todos, hacia lo que quería… de vez en cuando venían pensamientos como instantáneas, como fotos o un POWER POINT™ imaginaba, se iba en esas ideas fugaces y fantasiosas, fútiles e inútiles, sin embargo, no podía evitarlo. Era una parte de su manera de ser que más le gustaba y odiaba.
Colocó el código necesario «uno, nueve, cinco, trece, diez» repitió en su mente. Ya estaba dentro, como lo había imaginado… todo seguía tal como antes, nunca varió en todos estos años, en lo más mínimo, quizás recordó una planta más o alguna ventana cambiada, aparte de eso, nada. Todo seguía igual que hace unas horas antes. Encendió su computador, revisó su cuenta de correo, ahí estaba todavía, toda la evidencia en su contra, detallada en lo más mínimo, hasta el último dato. Presionó DELETE y todo fue a parar al BIN. Tomó sus manos y rascó su cabello, mirando al techo, suspirando fuerte, meditaba…
Habían tocado las 23:00 en su reloj de pulsera, era hora de hacer algo. Rió de manera descontrolada, pero actuó. Borró absolutamente todo.
Las luces de la ciudad tiritaban tenuemente, el voltaje bajaba y subía… hasta que la ciudad quedó a obscuras. Terminó por ocurrir. Le sudaron las manos, un escalofrío lento, tortuoso llegó hasta su nuca, esta vez no sonrió. Tomó su celular, no había tampoco señal de red, menos Internet, sin embargo, cargó su celular para ese momento y encender la linterna incorporada.
Avanzó una cuadra y las luces volvieron, un mensaje de alerta le llegó a su celular, «Activación de la luz, sólo emergencias». Supo en ese instante, que a lo más, contaría con tres horas de luz, hasta que se desgastaran las baterías de emergencia, después ya nunca volvería a ver las luces artificiales otra vez.
Entró a la habitación y cerró con llave, apagó la luz y encendió el notebook. Había llegado un nuevo mensaje «Gracias por su colaboración». Había pasado una hora, encendió la TV, los canales de noticias pronosticaban positivamente, que pronto volvería todo a la normalidad, que la luz volvería a sus registros mundiales. La Unión Planetaria de Energía, mencionaba a su vez, que no era para alarmarse, pronto encontrarían la falla para devolver la luz al planeta. Él pensaba qué pasaría cuando ya no pudiera ver las noticias… se alegró.
Quedaban los últimos quince minutos antes de la descarga total, de que se fuera la luz del todo… tomó su envase de comida china calentada en el microondas y salió al balcón, el esfuerzo de años entregaba sus frutos. «Tarea terminada».
Pensó en los códigos reales que alertaban de este momento, de cómo los cambió minuciosamente, cada año aumentando y quitando datos, sin que nadie supiera cómo, un hombre tan confiable, tan emblemático de la institución, pudiera si quiera pensar, en hacer algo de tal hazaña. Todos los códigos ya estaban en la computadora, falsos, mencionando energía para los próximos cinco años sin problemas. En la realidad, desde hace diez años que ya no se puede mantener el planeta con la energía desde otros diez años atrás, es como una entropía infinita…
Cinco minutos, las luces de las calles y las casas se apagaron, las luces rojas de emergencia en las calles anunciaban un fin del suministro. Sonaron las sirenas por última vez, anunciando lo tan temido ya, «Cuatro minutos para el corte de suministro eléctrico».
Sacaba los últimos trozos de carne con los palillos, quedaba un minuto… se levantó y observó con atención el suceso. Las luces rojas se extinguieron, las calles quedaron vacías, sólo quedaba el viento que nunca antes escuchó, inspiró con fuerza su obra. Sintió la calma extraña, la esperanza inquieta, de esa que viene sólo, al ver las estrellas otra vez.
FIN
Guillermo Rozas
Arica
16.05.08
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